Ouroboros.

Elsewhere in the universe…

Caulthon, llego al punto de encuentro, un viejo aserradero en la frontera. El sonido constante del río se entrecruzaba con el cantar de las aves que habían hecho de su hogar los árboles de la zona, troncos de madera yacían a medio cortar en una choza y sobre el río varios más se sostenían con cuerdas al muelle. Las nubes cubrían lo que otrora fuese un día soleado. Caminaba lentamente, observándolo todo, incluso con las nubes bloqueando el sol, hacia demasiado calor. Vestía su traje de combate, una antigua chaqueta de la fuerza aérea, chaleco antibalas, pantalones cargo, botas y guantes. El calor lo agobiaba. Estaba cansado, había corrido desde el anochecer. Pero eso no lo detuvo. En su mochila, cargaba con un maletín que aseguraba uno de los legendarios orbes, objetos legendarios capaces de crear o destruir con solo pensarlo. Y el que había robado, era demasiado poderoso, incluso llevándolo en el maletin sentía su influencia oscura, no debería hacer esto, y se detuvo. No puedo tener una conciencia ahora. Pensó.

Vehículos ya oxidados bloqueaban la entrada a la choza, Caulthon se acercó lentamente, escuchaba unas voces hablar pero no podía entender las palabras. En su espalda cargaba con la mochila -donde estaba el maletin. Y una escopeta, desenfundo su arma, y dejó la mochila detrás de uno de los carros. Quizás pueda hacerla entrar en razón, esto no está bien. No puedo entregarlo… Se acercó a la puerta de la choza. Escucho un murmuró «…es el».

Un sujeto moreno- Michael-, un poco más pequeño que el- salio, armado con un rifle de asalto y un chaleco antibalas. «C, llegas temprano», no dejaba de apuntarle. Michael frunció el ceño, «Dame el arma y sigue adelante». Caulthon le entrego su escopeta y ambos hombres entraron a la choza, estaba destrozada. Algunas paredes tenían huecos, el techo goteaba y había basura por todo el suelo, sobre una silla justo en lo que hubiera sido antes una sala estaba una hermosa mujer pelirroja, llevando puesto un traje completo de combate cromado metalizado, estaba preparada para lo que fuera. «Mirhaldin, tenemos que reconsiderarlo. Los inocentes que morirían si esto cae en manos equivoca…» En menos de un segundo Mirhaldin se levanto y le dió un golpe en el estómago. Se río, «suerte que trajiste el chaleco, mercenario» saco un cigarrillo, Michael se acercó y lo encendió para ella, Caulthon levantó la mirada pero vio miedo en sus ojos. Mirhaldin no les presto atención, «el maletín con el orbe, dónde está? A menos que lo tengas en un bolsillo, dime ahora.» Ahora ella lo miraba fijamente, la puerta se abrió estrepitosamente más personas entraron. Caulthon arriesgo una mirada, mercenarios. Amigos. Pero no parecía que fueran a ayudarle. Eso lo aterró, estúpido, porque tenías que arriesgarlo todo por las consecuencias, consecuencias? Nunca pensé en las consecuencias, nunca en 15 años lo he hecho y ahora por un orbe, arriesgaría mi vida. Pero un orbe podría acabarlo con todo, -cuando lo robo ni siquiera considero usarlo, solo lo metió en el maletín y corrió inmediatamente. Ella no vería eso, solo las pérdidas y ganancias económicas. Pero Michael lo ayudaría, ese era el trato. Un puño lo obligó a dejar de divagar, otro y otro y otro, ahora estaba en el piso intentado defenderse. Solo podía ver a Mirhaldin encima, gritando algo sobre la traición. Alguien de pelo azul corto y gafas llevaba un maletín, Alexa. Ella está con ellos. Todos están con ella. Miró a Michael, y el disparo su rifle. Mirhaldin se distrajo, lo suficiente para que Caulthon sacará un cuchillo de su cinturón en un momento el cuchillo atravesaba la garganta de Mirhaldin. Ella intento decir algo pero solo salio sangre de si boca. No tuvo tiempo de quedarse allí. Seguían disparando desde afuera hacia la choza. Michael lo miro un segundo, estaba herido, le lanzó su escopeta y se levantó para darle fuego de cobertura. Caulthon salio corriendo con la escopeta, cinco cartuchos, pensó. Disparo, sus amigos cayeron a sus pies. Detrás de la choza choza escucho más ruidos, Michael grito «granada», Caulthon salió volando por los aires. La choza quedó completamente destruida. Escuchaba un pitido constante. Veía borroso, la forma de una pistola estaba en el suelo y la tomo. Figuras negras se acercaban, el solamente pudo disparar, todas gritaban al caer. Sus gritos se mezclaban con el pitido, y silencio. Se levantó, pistola en mano. Las figuras negras en el suelo se volvían personas. Farfon, Christine, en los restos de la choza, Alexa, una lágrima en sus ojos, Mirhaldin mirándolo como si quisiera preguntarle ¿Porque? Michael. Le cerró los ojos. Miraba hacia Peter, y detrás de él Jhonatan, Perry, Jak… Basta. Se negó a seguir viéndolos. Simplemente levantó el maletín, lo abrió. El orbe lo cubría todo de un intenso color rojo carmesí. Sabía lo que tenía que hacer, nadie podía encontrarlo. Así que lo tomo en sus mano y la cerró, activandolo. Un ansia se apoderó de él, su mano se derretía transformando piel por metal hasta intercambiar sus músculos y huesos por una garra metálica. El ansia lo abrumaba, destrucción, guerra, muerte, solo quería muerte. Vio los ojos de sus amigos y solo veía miedo. Miedo? El ansia se disipó. El sabía que el río llevaba al océano, y no faltaba mucho hacia la costa.

Camino al río y se hundió entre las oscuras aguas.

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