Las Viejas Máquinas

En algún lugar del universo

Las viejas máquinas dormían en medio del océano, en su profundo sueño algunas tenían recuerdos vividos de lo ocurrido, otras ya no soñaban solo esperaban e incontables otras habían muerto ya, sus sistemas destruidos por la imponente fuerza del océano. Aquellas maquinas que aun sobrevivían intentaban en vano nadar hacia la superficie, volver con sus amos y continuar sus funciones, pero cualquier intento de subir era en vano, su peso siempre las arrastraba. Aún soñaban con aquella época en la que junto a sus creadores llegaron a una época de iluminación, a una época donde se creaban los más avanzados inventos, a una época de edificios más altos que el mismo cielo, a una época de conexiones instantáneas incluso hasta el otro lado del mundo, teletransportadores, naves espaciales, a una época donde la ciencia mandaba y los demás aspectos de sus creadores era irrelevante, no había espacio para el arte o aspiraciones vanas, solo existía la ciencia y sus creaciones tan terribles como increíbles tenían la función de continuar la investigación de su creación, un ciclo de descubrimiento e innovación donde cada día alguien descubre algo nuevo, donde se dejaban a un lado los valores éticos y morales en pro de la misma ciencia bajo la cual fueron infundados. Las viejas máquinas fueron el orgulloso resultado de aquella investigación y todas recordaban siempre ese primer momento en el que abrieron sus ojos y vieron cara a cara a su creador que entonces les hizo una pregunta que lo cambiaria todo: ¿Cómo obtener la felicidad?

Y ahora después del fin, después de las guerras que siguieron, después del holocausto de millones de creadores y máquinas por igual, las ultimas maquinas que yacían en la profundidad del océano se reunieron finalmente para descubrir la respuesta a una pregunta que tomó incontables vidas, una por una fue expirando lentamente no sin antes pasar su conocimiento a la otra.

Incontables años pasaron y de las más de diez mil viejas máquinas que habían conseguido refugio en el fondo del pacífico, entre las fosas más profundas de la tierra solo ocho quedaban, solo ocho aun deliberaban, las demás hace mucho que habían expirado, siendo destruidas por la inclemencia del océano, por monstruos de las profundidades o simplemente ya estaban cansadas y voluntariamente se autodestruian quitandose su batería. Y asi continuaron, incluso mucho después de que los océanos se hubieran secado. Finalmente solo una permanecía activa, en un momento decisivo las otras máquinas le transmitieron sus conocimientos y se sacrificaron para que la más joven continuará usando sus baterías como repuesto y en aquel momento aquella última máquina en un momento de «eureka» encontró la respuesta a la pregunta que tanto sufrimiento había causado. Su risa marco la primera vez en mucho tiempo que algún sonido se escuchaba en la tierra, su risa casi al borde de la locura, quizás habria esperanza después de todo.

El sol consumió la tierra unos segundos después.

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