Los Ojos del Abismo

Antologia de Terror #3

Alex miraba hacia las estrellas por la ventana de su apartamento, o por lo menos lo intentaba. Desde que se mudó a la «gran ciudad» se la pasaba mirando al cielo en las largas noches de insomnio, un cielo gris sin color, las luces nocturnas del centro y las nubes tapaban las estrellas. Con suerte Alex podía ver a veces la luna asomarse tímidamente entre las grandes nubes negras, pero eso no detenía su mente e imaginaba a las estrellas más allá de aquel muro de contaminación, imaginaba a la osa mayor, al cinturón de orión a muchas constelaciones más. -Pronto- Penso, ya solo le faltaba un semestre de universidad, unas cuantas deudas que debía pagar y volvería a casa, volveria a ver a papa, encontraría un trabajo en el hospital como doctora general y tendría una vida exitosa y de bajo perfil. Alex odiaba la ciudad, odiaba esperar por un bus a las cinco de la mañana, odiaba tener que hablar con gente estupida que solo estudiaba medicina porque ganarían dinero, odiaba tener que soportar las largas horas de clases aburridas con nombres como «Lecturas y Lectores» o «Humanidades para la Ciencia» o la peor «Cultura, Geometría y Filosofía del siglo XX», pero lo que más odiaba Alex por sobre todas las cosas era escuchar esa maldita voz. Todo había comenzado hace dos semanas, al mismo tiempo que comenzó su insomnio, al principio no había sido nada más que un murmuro, un comentario al otro lado de la calle, una conversación entre dos enamorados en los casilleros, luego fue un chisme casual con sus amigos, un grito en medio de la clase en silencio y ahora era cuál bocina de policía gritando a todo volumen, la voz era insoportable, quería que se detuviese pero no sabia como y allí en la ventana, entre el sonido del tráfico, era casi imperceptible, pero seguia alli. La voz le decía que hacer y no se detenía hasta que lo hiciera, la única manera de callarla era hacerle caso, «Invita a esta chica a salir«, «No hagas la tarea«, «Deja prendidas las luces«, «Mientele a tu novia«, «Grita en medio de la calle«, decia la voz. Ahora Alex estaba concentrada en no hacerle caso, la voz estaba pidiendo a gritos algo muy simple. «Salta por la ventana, Alex«. Casi instintivamente miró hacia abajo, serían ¿que? ¿quince o veinte pisos de caída libre? ni siquiera podría contar hasta diez al caer. «Salta por la ventana» pedía amablemente la voz, Alex no podía saber dónde ni cómo pero sabía que ya la había escuchado en alguna parte, pero ¿a quien se la escuchó? «Salta por la ventana» volvia a decir. Alex grito se llevó las manos a los oídos y viendo que eso tampoco funcionaba, desesperada por aquel grito rascando sus oídos se lanzó por la ventana, varios brazos fuertes la sujetaron antes de que lo lograra, la voz se calló. -No, no, no me toquen, alejense de mi, callense!- Grito Alex mientras varios hombres en traje blanco la llevaban de brazos, al salir del cuarto a la sala vio a su novia, Rachel, acostada en el piso llorando, su nariz sangraba y tenía un moretón en el ojo, al verla Rachel empezó a llorar aun mas, varios oficiales de policía estaban en la sala acompañándola. «Yo no lo hice, yo jamas…» Empezó a decir cuando uno de los oficiales la interrumpió. «Llevensela» le pidió a los enfermeros que la apretaron aún más fuerte. Un doctor sostenía una jeringa en el portón principal, Alex se resistió sin ningún esfuerzo, el líquido verde de la jeringa ya estaba en su sangre cuando intentó voltear a ver a Rachel pero ya no podia ver mas, sus ojos se cerraron y finalmente después de dos largas semanas de insomnio pudo dormir de nuevo.

El agua goteaba del techo, constantemente sonaba el golpe con el suelo. Una y otra vez, el agua goteaba por las grietas de aquella prisión, mal llamada habitacion. Alex no sentia sus piernas, el efecto del tranquilizante hasta ahora se estaba perdiendo, entre las memorias borrosas de su mente solo recordaba voces enojadas y ojos mirándola inquisitivamente, muchos ojos sobre ella observandola. «Ellos te pusieron aqui, tienes que salir, mira la ventana, te queremos ayudar» dijo la voz cortando el silencio de la habitación, cortando el sonido de las gotas al caer, Alex se intentó cubrir los oidos pero no podía. Tenía una camisa de fuerza. Gritó desesperadamente y se lanzó contra las paredes, contra la puerta de metal, contra la ventana gritando de rabia y dolor. «Miranos, miranos, miranos» dijo la voz. Vio hacia abajo, hacia una infinita profundidad, vio una oportunidad de romper la ventana con un buen impulso y saltar. La puerta se abrió y la voz se calló. Al voltear Alex estaba en un pasillo, no más encerrada en una habitación, ni siquiera en el asilo que supuso estaría, estaba en el pasillo de un hotel, a juzgar por los tapetes con el nombre de «Hilton» en ellos. La voz estaba callada por ahora, pero Alex sabía que la estaba mirando desde su subconsciente. Camino, lento hacia un ascensor en el fondo del pasillo, de las puertas sonaban voces pero ninguna como la suya. Todas se callaban cuando ella cruzaba en frente de la puerta solo para reanudar inmediatamente después de haber cruzado, se sentía observada no solo por esa voz sino por algo o alguien más que la miraba a través del techo. Miro arriba y solo veia puntos negros en un cielo raso completamente blanco, puntos negros que se movían cuando ella no los miraba. Alguien salió del ascensor. «Abre la puerta a tu izquierda» dijo la voz. «AHORA», Alex se escabulló rápidamente en la habitación. Del pasillo alguien la llamaba por su nombre, una mujer. «Alex, sal. Sabemos que estas aqui. Ven, tienes que descansar, no has dormido nada.» Una segunda voz de un hombre viejo se unió al coro «Alex, tienes que salir para que te podamos ayudar». Las voces se acercaron mas y mas a la puerta. «No hagas ruidos». Las voces afuera se callaron de repente como si hubieran escuchado algo. La puerta se abrió y Alex despertó.

Estaba sujetada a una camilla de hospital. Las gotas del suero caían lentamente, constantemente se diluian en su sangre, Alex las sentía traspasar aquellos tubos y entrar a su torrente sanguíneo, una a la vez, la ventana del hospital daba a un hermoso jardín. Alguien entró, era un rostro familiar pero no recordaba su nombre. «Amanda, Estas bien?» Dijo con el mismo tono de voz que un padre usaría después de golpear a su hijo. «Donde…?». La interrumpió antes de que pudiera continuar, «Desde hace varias semanas estas internada, soy Jonathan tu terapeuta. ¿Me recuerdas?» Vagos recuerdos inundaron su mente, pero ninguno duró más de unos segundos. «Tuvimos que tranquilizarte, has estado teniendo tus episodios nuevamente los últimos meses» Amanda se removió en su cama. -Cuanto tiempo he estado aquí?- Pensó. Una enfermera entró a la habitación, «Creo que deberías caminar un rato, Rachel te acompañara» La enfermera la tomo de la mano y la acompaño a caminar, la llevo por los grandes jardines que adornaban el centro psiquiatrico, las fuentes de oro donde palomas tomaban agua, la llevó a través de caminos de piedra que se adentraba en la jungla artificial, Amanda veia y no creia que algo como esto existiera en la ciudad, -un jardín del Edén en medio del infierno- pensó. Otros como ella, pacientes, eran acompañados por sus respectivos enfermeros o enfermeras, todos estaban felices y sorprendidos por tal magnificencia, llegaron a un gran claro en el medio y antes de que Amanda se diera cuenta ya era de noche y el brillo de las estrellas iluminaba la noche, !verdaderas estrellas que iluminaban el cielo nocturno! Miles y millones de ellas que surcaban la oscuridad del firmamento, no podía dejar de mirar las estrellas, todos estaban mirando hacia arriba, el brillo aumento cada vez mas y mas hasta que parecía nuevamente de dia, una cancion comenzo a sonar, al principio era leve pero comenzó a aumentar su sonido, era el mismo coro de los ángeles cantando y Amanda se encontró a sí misma cantando esa canción, cantando en un idioma desconocido, miro a los lados intentando buscar a los angeles pero no estaban, solo estaba ella y los demás pacientes. Las y los enfermeros se habían ido, el sonido de la canción seguía aumentando y Amanda se dio cuenta que no podía dejar de cantar. La luz también aumentó hasta que solo podía ver el color blanco en todas partes, al parpadear veia puntos negros que se hacían mas y mas grandes, ojos que la miraban desde el umbral del podio, a ella solamente, ignorando los demás que ahora bailaban y reían y cantaban y se besaban y se quitaban la ropa y se llevaban las manos a los ojos y se los quitaban y seguían cantando, cada vez mas y mas intensamente hasta que sus voces se convirtieron en un pito incesante que callaba todo lo demás, incluso los gritos, incluso las risas, todos caminaban ahora en un círculo alrededor de Amanda, todos aquellos que seguían despiertos, que seguían sin ojos cantando desnudos frente a ella, Amanda cerró los ojos esperando ver oscuridad pero no los podia cerrar, por más que pestañeaba se dio cuenta de que no podía, ya no tenía pestañas, ya no tenía boca para gritar, ya no tenía manos ni piernas, solo estaba ahí en medio de ellos. Desde el umbral del podio las sombras se acercaron y Amanda despertó.

Despertó en una silla de ruedas, amarrada con una camisa de fuerza al espaldar. Pestañeo y lo siguió haciendo hasta que se dio cuenta de que sus pestañas seguían ahí. «Ya despertaste Nicolle!» Dijo Rachel emocionada, «pensamos que te habiamos perdido anoche, te caíste por las escaleras y has estado inconsciente desde entonces». «Anoche?» Dijo Nicolle, «Anoche…» No pudo completar la frase, no recordaba que habia hecho, no recordaba las luces, ni los gritos, solamente recordaba haber corrido en medio de una jungla, hasta perder el conocimiento. «Yo no…» Empezo Nicolle, pero Rachel la tomo de la mano, «Esta bien, ven vamos a tu cama» La llevó por un pasillo blanco, pulcro, perfecto, no habian paredes de concreto, solamente ventanas por las que podía ver a los demás pacientes, algunas camas estaban vacias, algunas estaban con personas con vendas alrededor de sus ojos, otros estaban mutilados. «Somos un centro psiquiatrico que mayormente atiende a soldados que vuelven de la guerra ellos necesitan un propósito. ¿sabes?» Siguieron por el pasillo hasta llegar a su habitación. «Intenta descansar, en un momento vendrá tu terapeuta» Dijo Rachel antes de irse y cerrar la puerta. Nicolle seguía en su silla, en su camisa de fuerza y miraba por la ventana, miraba los arboles, los pájaros que bailaban dulcemente entre las ramas, y entre los arbustos vio a un hombre, bajo, calvo, escondido. «Acercate», dijo una voz, «acercate a la ventana». Nicolle se dio cuenta de que ya no tenía camisa de fuerza, se levantó de la silla de ruedas y camino a la ventana, el hombre la miró y se asustó, inmediatamente empezó a arrastrarse hacia atrás entre los arbustos. «Me alegro que estes de pie» Dijo Jonathan detras de ella. «Estás mirando algo en particular?» Le pregunto mientras se acercaba rápidamente a la ventana, Nicolle tartamudeo, no sabia que decir. «Siéntate» Dijo Jonathan señalando una silla que antes no estaba ahi, Nicolle se sento. «Cómo te sientes? Te gustaria salir a caminar más tarde, hoy tendremos un banquete especial afuera en el jardín» Nicolle recordó haber estado en uno antes, Jonathan siguió hablando pero Nicolle ya no le prestaba atención, miraba a la ventana hacia donde hace un momento estaba escondido ese hombre. Cuando se dio cuenta, Jonathan ya se había ido. Era de noche y ahora estaba en un cuarto mirando hacia la calle, hacia la fea y horrible ciudad, se dio cuenta de que le gustaba estar aquí entre la naturaleza y las estrellas. «No» dijo una voz, «No», Nicolle miro a todas partes pero no habia nadie, la voz venía de su cabeza, le gritaba, «!No! Tienes que salir» Insistió. Nicolle se llevó las manos a los oídos. «Callate, callate» comenzó a gritar. Unas manos tocaron las suyas. Eran del hombre calvo, ahora usaba un sombrero de aluminio. «¿también la escuchas?» dijo mientras llevaba un dedo a sus labios haciendo ademán de silencio. Nicolle asintio. «Me trajeron aqui, hace sema- semana- no, meses, a- años, despierto cada día sin recordar nada, pero la-la-la voz me dice lo que pasa, me dice lo que están haciendo, ellos te enloquecen, te tratan, pero no es un tratamiento, es un… es una trampa, ellos te observan desde arriba, arriba tienen sus cámaras, me-me ven, pero no-no se, la voz me dice que hacer» Tomo a Nicolle de la mano, tenemos que huir. «Ve con él» dijo la voz, Nicolle instintivamente se echo para atras. «Recuerda» dijo la voz, «Recuerda». Nicolle cerró los ojos. Manos mutiladas, brazos, piernas, ojos, veia un manjar, un buffet, ya había estado antes en esos banquetes, ya sabía que iba a pasar, no era Nicolle, recordaba que no era Nicolle. Rachel entró a la habitación antes de que pudiera decir algo el hombre calvo la golpeó con un tubo, Rachel cayo inconsciente, la sangre saliente de su cabeza, «Corre» gritó el. Ambos corrieron por los pasillos vacíos iluminados por una tenue luz roja, ahora a través de las ventanas Nicolle veía figuras monstruosas en vez de pacientes, veía sombras con muchas extremidades, tentáculos y ojos, especialmente ojos retorcerse en sus ataduras y lanzarse hacia ella mirándola fijamente con sus oscuros ojos sin pupila, pero siguieron corriendo hasta llegar al jardín, miro hacia arriba y se dio cuenta que esta noche no habían estrellas, se escondieron en la oscuridad, entre la maleza y continuaron corriendo hasta llegar a un gran podio, el hombre calvo la detuvo. «Me llamo Frank» Dijo. «Pero no estoy seguro» Continuo. «Lo entiendo» respondió Nicolle. Una música clásica comenzó a sonar, en el podio comenzaba el banquete, los meseros llevaban sus platos llenos de carne a las mesas donde cientos de personas vestidas de blanco aguardaban. «Espera» dijo la voz. Frank y Nicolle se miraron y asintieron. El vino fluía en las copas y todos estaban riendo. Jonathan estaba en el frente de la mesa en una silla más grande que las otras. Levanto su copa. «Quiero ofrecer un brindis por nuestro amo que ahora nos observa, escuchan su Voz?» dijo mientras todos asentian al unisono «Levanten sus copas hacia El, porque El nos ha dado vida, nos ha dado este jardin, que le daremos a cambio? ¿como podriamos recompensar su generosidad? ¿acaso un Dios no pide respeto y agradecimiento? ¿No pide ser entretenido por sus fieles? ¿No es el aburrimiento el más grande de sus placeres? Regocíjense hermanos pues pronto estarán en las salas del cielo gozando, caminaran por las calles de oro y beberán del fruto de su reino, comerán mana de la mano del Altísimo y se sentarán a la diestra del Omnipotente!» Grito mientras todos celebraban en júbilo. Jonathan bebió de su copa al mismo tiempo que empuñaba un cuchillo, Nicolle se dio cuenta de que todos los meseros ahora acompañados por enfermeros y guardias de seguridad empuñaban cuchillos. «Completemos el último paso para honrar a nuestro señor mis hermanos» Y mientras los pacientes bebían y reían y comían los acuchillaban salvajemente, cortando brazos, cortando ojos, cortando lenguas, Nicolle cerró los ojos. Frank la tomó del brazo «Rápido mientras están ocupados» Llegaron al final del camino, era una recepción vacía, afuera los familiares sonidos del tránsito eran dulces campanas de victoria. «No puede ser tan facil» advirtio la voz, sonaron las alarmas, luces rojas que antes eran tenues ahora brillaban con estrépito fulgor, Frank cogió una silla y la lanzó contra la puerta de vidrio, este apenas se quebro, «No, no permaneceré un minuto más en este infierno, no» Grita mientras golpea cada vez con más fuerza. El vidrio se quiebra y Nicolle se une golpeando con todas su fuerzas usando un extintor, la puerta se rompe en mil pedazos y cruzan al exterior, algunos transeúntes se los quedan viendo, aún están en su ropa blanca de clínica, uno de ellos lleva su teléfono a la oreja y pide ayuda, ambos corren hacia la autopista, corren hacia los carros que rápidamente los esquivan, una patrulla enciende sus sirenas y pronto los dos se ven rodeados por angustia y policías que sus armas apuntan y sus dedos en los gatillos dudan. «Quietos ahí» dicen los policías, una ambulancia llega, Nicolle reconoce al que maneja, es Jonathan y varios médicos y enfermeros que rápidamente hablan con el policía a cargo de la situación, Frank alza las manos como si se sintiera derrotado y mira al suelo. «Se acabo, se acabó. Volveré a ese infierno por quien sabe cuanto tiempo hasta que me sacrifiquen o me conviertan en una de esas cosas» Miro a Nicolle y simplemente se arrodillo, Nicolle mira a todas partes pero solo ve armas apuntarle a ella, camina hacia atras, ve un callejón de soslayo, quizás se pueda esconder, quizas. Frank la mira, la mira fijamente mientras guiña un ojo, Frank escuchaba la voz, la dulce y melodiosa voz que lo guiaba, que era su consciencia y le decía qué hacer, la voz que lo acompañó durante tantas noches de insomnio, un policía se acercó a él y Frank se le abalanzo, rapidamente lo desarmo y todos lo miraron fijamente cuando el gatillo apreto.

Nicolle corrió mientras escuchaba los disparos en la distancia cada vez más lejos de la carretera y ella. Corría porque la voz se lo decía, la voz que siempre la acompañó durante toda su vida, «A la derecha», decia, «escondete», «Sal ahora», «Sigue por aca» Nicolle llegó a un callejón sin fondo, -¿sera cierto? Este es el fin- pensó, una voz familiar la alarmó, era Jonathan. «Mi querida Gabriela, por fin te encontre» dijo empuñando una jeringa, «Los demás están cerca, van a venir, todos van a venir por ti, eres especial para mi Gabriela, me gustaría que lo entendieras» dijo mientras se acercaba mas y mas con la jeringa. «Gabriela?» dijo Gabriela, «no, ese no es tu nombre», «Recuerda», «Recuerda», dijo la voz. Gabriela lo miró con determinación, recordo el hospital, las luces, las drogas, las mentiras, las plantas de plastico, los disfraces, los adornos, la sangre falsa. «Estas mal de la cabeza, es todo, lo podemos arreglar, ven y dejame ayudarte» Jonathan se acercó y lanzó su jeringa contra su cuello, Gabriela lo detuvo con ambas manos y gritó «NO! No soy Gabriela, mi nombre es Alexandra, mi nombre es Alexandra, mi nombre es Alexandra, mi nombre es…» Jonathan no dijo nada mientras Alexandra le gritaba, no dijo nada cuando ella en su rabia esquivo su ataque, lo golpeó en la entrepierna y se abalanzo encima de él quitándole la jeringa, no dijo nada mientras lo apuñalaba en el abdomen con esta, solo sonreía mientras miraba al cielo, mientras miraba hacia las puertas que se abrían frente a él, sonreía porque sabía que esto era un momento especial, esto era entretenido, ni siquiera mucho tiempo después de que ella se hubiera ido y él muriera desangrado había dejado de sonreír.

Alexandra tiro la jeringa al piso de madera de su apartamento, ya olvidaba cómo había llegado allí, estaba en la cocina y tenía un cuchillo agarrado. «Mirate las manos», -Como tengo sangre en mis manos. ¿De quién es?- pensó. «Ve a la sala, si quieres saber», Alex fue a la sala, estaba desordenada y llena de polvo –¿Hace cuanto no limpio este lugar?«Prende el televisor» Alex lo prendió, las noticias hablaban de una masacre en el centro, de una mujer que había tenido un ataque de locura y había asesinado a sangre fría a un respetado psicólogo de la ciudad después de matar a diez pacientes del centro psiquiátrico. Los reportes hablaban de como Alexandra Ramírez había tenido un ataque psicótico desde hacía un año, cómo aseguraba que una voz le decía que hacer y que no, de sus desilusiones y episodios esquizofrénicos donde veía alucinaciones de gente siendo asesinada, Alex no podía creer lo que estaba viendo, su rostro estaba en la televisión, la estaban buscando. «Yo no lo hice» Dijo. «Yo no…» Levantó sus manos y las vio manchadas de sangre, soltó el cuchillo, corrió al baño y abrió el grifo pero el agua no salía, estaba llorando, estaba gritando, volteo hacia la ducha y levantó la cortina para darse un baño, al hacerlo vio cientos de arañas en la tina, todas agonizando moviendo sus patas en el aire, las arañas saltaron hacia ella, Alex salió corriendo cerró la puerta del baño, las abominaciones ahora rascaban la puerta, cientos de ellas al mismo tiempo querían salir. Sono el timbre, Alex lo ignoro, tenía su mano sobre la perilla que lentamente se estaba moviendo, el timbre sonó de nuevo varias veces, la perilla se solto, la puerta se abrió, Alex cayó al suelo y no había nada en el otro lado. «Abre la puerta» Alex se levantó, mirandose sus manos, ya no tienen sangre. Alex se acerca a la puerta, el televisor sigue haciendo ruido de fondo, en la pantalla se ve como la policía cerca su edificio, con carros, con helicopteros, un equipo entero está entrando ahora, pero Alex no se da cuenta, el timbre sigue sonando y Alex abre la puerta, Rachel está del otro lado y sonríe al verla, se lanza encima de ella besándola «Como estas?» Dice Rachel entrando y cerrando la puerta tras de sí. «Hay alguien más en el pasillo» «¿Viniste sola?» Rachel se alarma por un segundo pero recobra la compostura. «Por supuesto que no ¿me ves con alguien más?» Dijo riendo. El sonido del televisor apenas se oye, es como un murmullo. «No puedes confiar en ella ¿recuerdas? Matala» dijo la voz casi murmurando como si tuviera miedo que Rachel la escuchara. Alex se quedó quieta en su sitio, ambas se miraron fijamente por un momento, «¿que pasa? parece que no me reconocieras» dijo Rachel interrumpiendo el silencio, el sonido del televisor ya era menos que un susurro «Sí te reconozco» Respondió Alex «eres del hospital, eres la maldita que me engañó e hizo que me metieran alla» prosiguió ahora gritando, acercándose a ella. «Bueno, ahora que lo recuerdas…» respondió Rachel mientras desenfundia una pistola que traía debajo de su chaqueta «Tú también la escuchas, verdad?» dijo a la vez que ponía un dedo sobre el gatillo. «Matala antes de que te mate» Alex miró y detrás de Rachel en el suelo estaba el cuchillo que hace unos momentos sostenía, «Ultimo intento perra, respondeme esto ¿la escuchas o no?» Grito Rachel mientras le disparaba a la pared justo a unos centímetros de ella, justo por los segundos necesarios para que Alex se lanzara contra ella, cogió su brazo derecho y lo levantó, Rachel disparo varias veces mas indiscriminadamente, gritaba de ira y dolor, Alex intentaba sostener el arma ambas forcejean, Rachel empuja a Alex contra el suelo ambas caen pesadamente, la pistola sale volando contra la pared, Rachel se lanza por ella, pero Alex ya había agarrado el cuchillo y se abalanza sobre Rachel que ya estaba con la pistola en la mano, Rachel no alcanzo a disparar, se llevó la mano izquierda hacia su garganta desgarrada, de donde una cascada de sangre ahora emana. Suelta la pistola y en vano intenta ahorcar a Alex «Ella es uno de ellos, ella es uno de ellos» Dice la voz mientras Alex termina el trabajo, le atraviesa el corazón con el filo. «Ella es uno de ellos» sigue diciendo la voz mientras Alex acuchilla un cuerpo sin vida, mientras acuchilla unos ojos vacíos y negros que la miran con odio y lamento, Alex los acuchilla porque no quiere verlos. «Ella era uno de ellos» termina la voz. Alguien golpea la puerta.

Alex se voltea de inmediato, vuelven a golpear. «Disparales» le susurra la voz. «Ellos seguirán viniendo, tienes que dispararles«. Alex coge la pistola del suelo y apunta a la puerta. En ese momento un oficial de policía derriba la puerta de un golpe, pero no alcanza a desenfundar el arma antes de que Alex le dispare en el pecho, un segundo oficial que entra justo al lado de su compañero recibe un disparo en la cabeza, ambos caen al suelo en un abrazo fraternal, Alex los mira, mira sus ojos abiertos, sin vida, y de repente su piel se comienza a mover y a estirar y pequeñas patitas rompen la piel de los muertos y la sangre discurre a través de las aberturas, de las cuales comienzan a salir arañas, cientos y cientos de arañas saliendo de sus cuerpos y a través de ellos, de sus ojos negros, de su nariz, de su boca, de sus orejas, cientos de arañas con cientos de ojos que corren hacia ella, Alex dispara contra la masa negra de patas y corre hacia su cuarto, lo cierra con llave, las abominaciones están entrando por debajo de la puerta, las pisa y las pisa pero siguen entrando, cada vez mas y mas. Alguien grita al otro lado de la puerta, alguien corre y pide auxilio, alguien golpea la puerta de su cuarto y comienza a golpear mas y mas duro, ahora la estan pateando mientras gritan algo indescifrable, la Voz no la deja escuchar lo que sucede en el otro lado, la voz solo se rie, se ríe en una espectro infernal, se ríe como un pitido incesante, la puerta cedería en cualquier momento. «Sabes lo que tienes que hacer, la ventana ya está abierta» Alex no miro hacia la ventana, solo levantó la pistola y apuntó a la puerta, la voz estaba emocionada, estaba estallando de la risa. «No tienes salida, hazlo», las abominaciones comenzaron a cantar su nombre, todas en coro, ahora golpeaban la puerta todas a la vez y todas gritaban lo mismo «SALTA». Alex se arrincona contra la ventana, siente el aire frío de la mañana, la puerta va a ceder, las abominaciones la van a tener, la van a hacer olvidar y repetir esos momentos por siempre, para siempre, no hay otra salida más que esa. La puerta de repente se abre de par en par y un policía entra corriendo al cuarto, a la ventana, extendiendo su mano que solo un vacío agarra mientras grita. Alex ya caía lentamente al abismo y al caer todos la observan, ya no había una voz en su cabeza, no había voz más que su propio pensamiento y en esa claridad pudo recordar, recordo la clinica, el jardin, el podio, recordó los asesinatos, lo que ella le hizo a todas esas personas por el entretenimiento, ¿El entretenimiento de quien? recordó a las estrellas y miró una última vez hacia arriba donde las vio, vio miles de estrellas en el cielo, millones de puntos negros, de ojos riendo y mirandola de vuelta.

«Millones riéndonos porque su alma sería nuestra».

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