Tina

Vi una araña estática en su telaraña,

tranquila, vivía.

Hasta que las gotas la despertaron de sus sueños de lana,

las gotas que caían inesperadamente y sin dirección

desde un cielo sin perdón,

la marea subía y subía

y la pobre araña salto,

hacia arriba,

hacia abajo

hacia cualquier dirección,

su telaraña había sido destruida por un clima inclemente,

y sin mas telaraña, intento subir el risco oponente,

pero las gotas que sin parar seguían cayendo,

le bloqueaban cualquier intento,

primero perdió una pierna,

luego dos ojos,

pero seguía subiendo,

por aquel risco blanco y resbaladizo,

pero no vio, aquella gota

que de frente apuntaba,

y como metralla

la tumbo de su atalaya.

Por gracia divina, quizás de un dios araña,

en ese momento pudo producir telaraña,

salto y se balanceo entre la lluvia mortal que la asediaba,

hasta el borde blanco, donde el terror terminaba,

y sonrió, tan grande como una araña podía sonreír,

camino lentamente hacia su libertad, fuera de aquella tumba mortal.

Camino a rastras cargando sus rotas patas,

camino pensando en el mañana.

Se lo contaría a todo el mundo, por supuesto

Comenzando por su madre que siempre le dijo: «aléjate de los humanos, pues son malévolos«,

luego se lo contaría a todos en el pueblo.

Les llevaría noticias de la gran vida, en aquel mundo llamado «Tina«.

Pues era una araña obstinada,

necia,

que ahora ¡bailaba!

y seguía sonriendo por cuan grande hazaña.


Y jamás sintió mi guadaña,

en forma de chancla.

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