El Cuarto Oscuro

Me di cuenta después de 12 horas, o quizás mas, de que no había dicho ninguna palabra en todo el día. Mire a mi alrededor y estaba completamente oscuro, no me acordaba a que horas me había quedado dormido. Pero en vez de pensar en eso, me quede pensando mas bien en la ultima vez que dije algo.

¿Por qué no podía recordarlo?

Quizás fue esa mañana, o el día anterior, o hace una semana. No estaba seguro y en ese momento mire a mi alrededor, estaba oscuro y el silencio era casi aplastante, pensé que no pasaría nada si decía algo, aunque fuera una bobada diría «Buenas noches» y volvería a dormir. Así que intente abrir mi boca para hacerlo, pero por mas que esforzara mi mandíbula mis labios no cedían, hice mas fuerza y entonces me dolió, lleve mis manos a mi boca y pude sentir los hilos que la mantenian cerrada, intente gritar pero fue un grito mudo en vano y me dolio bastante, me levante de la cama con un estallido de adrenalina, me estrelle contra las paredes buscando la puerta, buscando el bañó, o un estúpido espejo y mientras lo hacia, sentía como los hilos que mantenían mis labios cerrados se despegaban lentamente arrancando musculo y tocando los nervios de mis dientes, asi que me detuve. Con mi mano presione mis labios y pude sentirlo claramente, habían cosido los labios a mis dientes y a mis encías. Me quede quieto mientras lentamente forzaba la costura moviendo los músculos de mi boca, mientras lo hacia escuchaba el hilo deshilarse llevándose la piel y tocando el nervio de mis diente. Me di cuenta que no tenía opción, no podía continuar asi, tenia que hablar, tenia que gritar, tenia que quitarme esto de mi boca, respire fuerte y grite mientras abría la mandíbula con todas mis fuerzas. El hilo que sostenía mi boca se separo en dos mientras los espacios vacíos que dejaban se llenaban con un hilo rojo de sangre y mientras mis dientes se despegaban dejando la encía al descubierto, mientras las raíces se rompían y el hilo de sangre seguia bajando por mi cuello, mientras usaba mis manos para abrir el paso entre los cosidos solo podía gritar de dolor quebrantando el silencio de mi cuarto, haciendo ecos en las paredes, grite hasta quedar sin voz. Me intente levanta y mientras miraba por todas partes buscando en vano algo en lo que apoyarme, me di cuenta:

Tenia que abrir mis ojos.

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