Mi corazón lo sostienen manos de papel,
manos blancas y sin mancha.
Mi corazón esquivo lo sostiene una cuerda de lana,
una cuerda roja, que se tambalea con nada.
Mi corazón que ama, late y odia
lo sostienen manos de papel.
Manos manchadas de tinta y sangre
de la tinta de mis pensamientos y la mancha de mis sentimientos.
Mis manos sostienen un corazón de papel,
un corazón salvaje que salta entre manos.
(manos de papel)
Manos tan ligeras como el viento
manos manchadas de la sangre de un corazón roto,
manchadas con el dolor de mil recuerdos.
Me di cuenta de la perdición,
muy tarde, después de perderme en su son.
En su pelo castaño, crespo y despeinado,
en su sonrisa cálida al hablar,
en sus ojos azules que ardían con deseo,
y en sus labios que anhelaba besar.
( y nunca me di cuenta cuando mi corazón, dejó soltar)
Al final de una canción,
sus manos lo soltaron sin razón.
Mis ojos impasibles lo vieron caer,
pero mis manos de papel sostenían su corazón,
así que no podía hacer nada más que ver.
Verlo desgarrarse en el suelo,
verlo esparcir la tinta de mis pensamientos,
y la sangre de mis sentimientos.
(las llamas azules lo consumieron al arder)
Pronto solo cenizas quedan, y
tus manos de papel las esparcen por el suelo,
el viento las lleva arriba,
cada vez más cerca del cielo,
hasta que desaparecen en el firmamento.
Se van lejos, muy lejos de donde sea que el «por siempre» estará
lejos hacia un reflejo de aquel amor que debía ser,
pero que jamas fue.
En otro lugar, en otro momento
unas manos sostienen un corazón de papel.